El corte oclusivo, si examinado
con detenimiento, exhibe una identidad
palatal dudosa: una que difiere
de la obtenida bajo el código
LREINER171005, considerando aún el registro
forzado y el desfibrilador; tanto como
la posible presión en la zona alta
cervical. En cambio
lo que aparece en el margen inferior
de la imagen no debe considerarse: es
una partícula de madalena
caída en el microscopio; reaccionando
a los agentes químicos. Volvamos a la línea
incisiva frontal; ésta aquí
no se parece a nada; salvo a la marca
encontrada en el neumático
de la moto de Bernat Pallars, la noche del accidente. Difícil
decidir, como una adivinanza: "¿en qué se parecen la almohada
de una mujer muerta
por asfixia, y la rueda trasera de una Honda
750cc, a punto de girar y de estrellarse?"
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lunes, 31 de marzo de 2014
miércoles, 26 de marzo de 2014
CAPÍTULO 23 - JULIA: FRENTE A LA ESTANTERÍA DEL SHAMPOO
La verdad
es que he escrito
bastante; y casi todo
es pésimo, o inverosímil —o ambas
cosas. Con Lenka
detenida, Boris
prófugo, Bernat en el hospital, y Quim
siguiendo las estrellas, es difícil saber
algo ¿Cabellos dañados? Nada
que me haga arder los ojos, si cuando me los froto
aún veo a aquellos hombres, de pie
junto al jardín —quedaron sobreimpresos
en mis párpados, en
blanco, contra el negro del fondo. He visto
lo que todos han visto: la roulotte, los días
que se acortan, la planta cárnica
a la entrada del pueblo, los números
ganadores de la lotería. La indecisión
es un nuevo comienzo: "un hueso
es sólo un hueso en condiciones normales. En otra
atmósfera, podría dilatarse uno
o dos centímetros, o desaparecer", según Vidal. Una explicación
más tradicional, y menos ingeniosa
es el golpe preciso del borde
de una pala contra el pecho. Puntas secas.
es que he escrito
bastante; y casi todo
es pésimo, o inverosímil —o ambas
cosas. Con Lenka
detenida, Boris
prófugo, Bernat en el hospital, y Quim
siguiendo las estrellas, es difícil saber
algo ¿Cabellos dañados? Nada
que me haga arder los ojos, si cuando me los froto
aún veo a aquellos hombres, de pie
junto al jardín —quedaron sobreimpresos
en mis párpados, en
blanco, contra el negro del fondo. He visto
lo que todos han visto: la roulotte, los días
que se acortan, la planta cárnica
a la entrada del pueblo, los números
ganadores de la lotería. La indecisión
es un nuevo comienzo: "un hueso
es sólo un hueso en condiciones normales. En otra
atmósfera, podría dilatarse uno
o dos centímetros, o desaparecer", según Vidal. Una explicación
más tradicional, y menos ingeniosa
es el golpe preciso del borde
de una pala contra el pecho. Puntas secas.
lunes, 24 de febrero de 2014
CAPÍTULO 19 - BORIS: ENTREVISTA CON QUIM EN ALGÚN LUGAR SIN ESPECIFICAR
Me han dicho
que podía confiar en usted: si no es
así, lo sabré
mañana o pasado, cuando la policía
me encuentre; y si sí,
le hará llegar a Lenka
un mensaje muy simple: "regreso
al sitio donde comenzó todo, apenas
pueda
te enviaré una señal. No dejes de mirar
al cielo, siempre que puedas. Tuyo, Boris." Cada vez
el frío es más intenso, y los pueblos
van quedando más lejos; cada vez es preciso
caminar más aún, dormir
más; y recordar menos
la expansión de la mancha sobre el jardín de Carmen. A usted
sólo debo decirle que se cuide
del hombre del conejo naranja: lo llaman
cuando la situación no es buena; ignoro si en el pueblo
hay algún restaurante chino, lo encontraría
allí, comiendo
Teppan Yaki. Mire: este
caleidoscopio
se parece a la explicación de todo:
es curioso, ahora no se mueve.
que podía confiar en usted: si no es
así, lo sabré
mañana o pasado, cuando la policía
me encuentre; y si sí,
le hará llegar a Lenka
un mensaje muy simple: "regreso
al sitio donde comenzó todo, apenas
pueda
te enviaré una señal. No dejes de mirar
al cielo, siempre que puedas. Tuyo, Boris." Cada vez
el frío es más intenso, y los pueblos
van quedando más lejos; cada vez es preciso
caminar más aún, dormir
más; y recordar menos
la expansión de la mancha sobre el jardín de Carmen. A usted
sólo debo decirle que se cuide
del hombre del conejo naranja: lo llaman
cuando la situación no es buena; ignoro si en el pueblo
hay algún restaurante chino, lo encontraría
allí, comiendo
Teppan Yaki. Mire: este
caleidoscopio
se parece a la explicación de todo:
es curioso, ahora no se mueve.
lunes, 13 de enero de 2014
CAPÍTULO 15 - QUIM: PRIMERAS EXPLICACIONES
¿Me dice usted que
han detenido a Lenka
o se lo digo yo? No importa, mire
Julia, se lo explico a mi modo: quieren
al chico del
circo, a Boris, eso, pero tampoco
a él, la quieren
a usted, a todos los que puedan, diciendo
que el caso está solucionado. ¿Le importa
si nos sentamos en aquel tronco? Prefiero así: se puede
ver el mar. Le habrán dicho
que tuve un accidente a la salida
de la Punta dels Farallons, y que perdí
a mi mujer; en el pueblo
les encanta repetir aquella historia. Se sientan
a jugar botifarra o ramiro en el bar, son hombres
respetables, llevan siempre sus camisas a rayas, compran
sus décimos de Navidad, y repiten la historia. Tal vez
sea verdad. Tal vez
sea por eso que vivo aquí, en el
observatorio, como le llamo. Si les
insiste
le dirán que tuvimos un hijo, pregúnteles, sabrá
por ellos que se llamaba Didàc, se
llama, y que a él, no el mar
sino el desierto
lo guarda.
han detenido a Lenka
o se lo digo yo? No importa, mire
Julia, se lo explico a mi modo: quieren
al chico del
circo, a Boris, eso, pero tampoco
a él, la quieren
a usted, a todos los que puedan, diciendo
que el caso está solucionado. ¿Le importa
si nos sentamos en aquel tronco? Prefiero así: se puede
ver el mar. Le habrán dicho
que tuve un accidente a la salida
de la Punta dels Farallons, y que perdí
a mi mujer; en el pueblo
les encanta repetir aquella historia. Se sientan
a jugar botifarra o ramiro en el bar, son hombres
respetables, llevan siempre sus camisas a rayas, compran
sus décimos de Navidad, y repiten la historia. Tal vez
sea verdad. Tal vez
sea por eso que vivo aquí, en el
observatorio, como le llamo. Si les
insiste
le dirán que tuvimos un hijo, pregúnteles, sabrá
por ellos que se llamaba Didàc, se
llama, y que a él, no el mar
sino el desierto
lo guarda.
lunes, 23 de diciembre de 2013
CAPÍTULO 12 - XAVIER: APUNTES DE UN JOVEN TRANSCRIPTOR
Durante los primeros veintisiete
minutos se formularon diecinueve preguntas; pero lo interesante
no es esa relación —nada infrecuente— sino que las respuestas
guardaban la siguiente secuencia: tres sí, y luego
un no. No me pregunte
lo que usted debería saber: tres sí
y luego un no, es el patrón conocido como
"el salto del cómplice", como un caballo, si juega usted
ajedrez. Por ejemplo, a las preguntas de si el nombre de ella era
Lenka Reiner, y si
nacida el 23 de septiembre de 1979 en República
Checa, y si hija de Orman Sines Reiner, astrónomo, con Petra
Myses, respondió que sí, pero a la
subsiguiente cuestión —que he transcripto junto con todas
las anteriores y las posteriores, según es
mi deber— a la pregunta, digo,
de si estaba ella involucrada directa
o indirectamente en la muerte de Carmen Centurión
Llobet, acaecida el pasado 2 de octubre en este mismo
municipio, respondió
que no. ¿Lo ve? En ese momento
el viento golpeó la ventana
violentamente: eso no lo encontrará usted
en las notas porque en principio
no es relevante, pero quizás lo sea. Y Lenka
Reiner
miró hacia los árboles del parque, y murmuró
algo incomprensible. ¿Cree usted
que a la propia Lenka, ese murmullo le resultara
realmente incomprensible, como consta en las
actas? Yo diría que no
miraba los árboles, o no apenas eso. Pero de ser
así: ¿que estaría mirando?
minutos se formularon diecinueve preguntas; pero lo interesante
no es esa relación —nada infrecuente— sino que las respuestas
guardaban la siguiente secuencia: tres sí, y luego
un no. No me pregunte
lo que usted debería saber: tres sí
y luego un no, es el patrón conocido como
"el salto del cómplice", como un caballo, si juega usted
ajedrez. Por ejemplo, a las preguntas de si el nombre de ella era
Lenka Reiner, y si
nacida el 23 de septiembre de 1979 en República
Checa, y si hija de Orman Sines Reiner, astrónomo, con Petra
Myses, respondió que sí, pero a la
subsiguiente cuestión —que he transcripto junto con todas
las anteriores y las posteriores, según es
mi deber— a la pregunta, digo,
de si estaba ella involucrada directa
o indirectamente en la muerte de Carmen Centurión
Llobet, acaecida el pasado 2 de octubre en este mismo
municipio, respondió
que no. ¿Lo ve? En ese momento
el viento golpeó la ventana
violentamente: eso no lo encontrará usted
en las notas porque en principio
no es relevante, pero quizás lo sea. Y Lenka
Reiner
miró hacia los árboles del parque, y murmuró
algo incomprensible. ¿Cree usted
que a la propia Lenka, ese murmullo le resultara
realmente incomprensible, como consta en las
actas? Yo diría que no
miraba los árboles, o no apenas eso. Pero de ser
así: ¿que estaría mirando?
lunes, 16 de diciembre de 2013
CAPÍTULO 11 - LENKA: PENSAMIENTOS EN LA SALA DE ESPERA
¿Y entonces para esto tanto pasar los otoños en casa de la abuela
Janova, y tanto Kromӗříšská los miércoles de diez
a doce; tantas anillas y tantos
caballetes, y colchonetas, y el olor a lejía, y aquella ropa blanca y
roja, y el Doctor
Mrkos y sus complementos para el crecimiento de los
huesos, y para esto aprender dónde
debe apuntar exactamente la barbilla y el ángulo exacto
entre el pulgar y el índice? ¿para esto Pavel esperándome
del otro lado de la alambrada, y las meriendas cruzando el puente, con
las sombras de los pinos alargándose hacia
nosotros? ¿Para esto las ardillas de Capekpark? ¿La cabeza en
la ventanilla del tren, adormecida, rumbo a
Hodonín? ¿La factoría, los turnos en las máquinas de
hilar, para esto? Que me manden
andando hasta casa en invierno, desnuda, sin
comida: eso
sería mejor que estar aquí, mientras me muestran láminas
y me preguntan qué
veo. ¿Qué puedo ver? ¿Puedo ver
los campos de Vyškov donde no hay más que el rostro desencajado
de una mujer muerta? ¿Qué veo en esas manchas negras? Finalmente
lo único que he aprendido aquí es que la belleza también debe
traducirse: aquí ya no soy Lenka
como lo soy en casa, aquí soy una extraña a la que preguntarle
qué ve: les digo que no veo nada, qué podría decirles.
Tampoco Boris es ya Boris, ahora tiene otro nombre, ellos
no pueden llamar Boris a Boris ni a Lenka
Lenka como nuestros hermanos, él
es un fugitivo cuyo perro ha quedado rondando el pueblo; yo soy
la chica de la pizzería, la que limpiaba en la casa
de Carmen, y todo
son malas señales. Madre, padre ¿verdad
que no era esto lo que debía suceder cuando hiciera todo
lo que me habíais dicho?
lunes, 25 de noviembre de 2013
CAPÍTULO 08 - BERNAT: NOCHE DEL LUNES
Me pregunto si sabe dónde estamos. Espere:
voy a encender las luces para que pueda verlo.
¿Lo adivina, verdad? Esto
es nuevamente la entrada del pueblo, pero usted no lo había
notado. A eso me refiero, a que es posible que no haya sido la única
en confundirse. Pero dejemos eso: supongo que no le molesta
que fume. Mire
a su alrededor ¿no encuentra nada
fuera de lugar, nada que le parezca extraño? Está bien; yo
se lo diré: intente fijar su atención en aquella luz que se ve
sobre el capot, a la izquierda. Muy bien. Permítame que
sintonice la radio aquí; y ahora observe
lo que sucede con la luz. Es la casa de Quim. ¿Lo sabía?
Ahora apaguemos la radio y las luces
del auto. A su derecha debe haber una linterna, en el fondo
de la guantera; eso
mismo. Ilumine hacia el cielo
con tres señales cortas. Ahora aguardemos un poco. Ahí
está: véalo usted. Y ahora
apáguela: nos vamos de aquí
ya mismo, tenemos que regresar al pueblo, aún tengo
que enseñarle una o dos cosas más. ¿Recuerda aquella carta
que le mostré cuando bajamos al Cráter, la de Boris; esa que usted
me preguntó cómo había podido conseguir? Le voy a revelar
algo: la primera vez que la leí
me pareció extraña, apenas eso. Y después comprendí: Boris
no actuaba con ningún jersey. ¿Por qué diría
eso del jersey? Piénselo: aquí está el papel, mírelo
con cuidado. ¿Sabe usted
lo que es un acróstico? Imagino que sí.-
voy a encender las luces para que pueda verlo.
¿Lo adivina, verdad? Esto
es nuevamente la entrada del pueblo, pero usted no lo había
notado. A eso me refiero, a que es posible que no haya sido la única
en confundirse. Pero dejemos eso: supongo que no le molesta
que fume. Mire
a su alrededor ¿no encuentra nada
fuera de lugar, nada que le parezca extraño? Está bien; yo
se lo diré: intente fijar su atención en aquella luz que se ve
sobre el capot, a la izquierda. Muy bien. Permítame que
sintonice la radio aquí; y ahora observe
lo que sucede con la luz. Es la casa de Quim. ¿Lo sabía?
Ahora apaguemos la radio y las luces
del auto. A su derecha debe haber una linterna, en el fondo
de la guantera; eso
mismo. Ilumine hacia el cielo
con tres señales cortas. Ahora aguardemos un poco. Ahí
está: véalo usted. Y ahora
apáguela: nos vamos de aquí
ya mismo, tenemos que regresar al pueblo, aún tengo
que enseñarle una o dos cosas más. ¿Recuerda aquella carta
que le mostré cuando bajamos al Cráter, la de Boris; esa que usted
me preguntó cómo había podido conseguir? Le voy a revelar
algo: la primera vez que la leí
me pareció extraña, apenas eso. Y después comprendí: Boris
no actuaba con ningún jersey. ¿Por qué diría
eso del jersey? Piénselo: aquí está el papel, mírelo
con cuidado. ¿Sabe usted
lo que es un acróstico? Imagino que sí.-
lunes, 11 de noviembre de 2013
CAPÍTULO 06 - BORIS: UNA CARTA PARA LENKA
Estaba buscando algo más que el olor de
la pólvora y que mi casco verde, y mi
jersey con el número siete; acostumbrado
a la velocidad y la amnesia —pero no esto. Es
raro —siempre creí
desear unas noches así, besarte bajo el neón del circo,
inventar un pasado en el que
nadie pudiera capturarnos con un truco de la memoria. Y en cambio
debo dejar el pueblo. Pensaré en ti la próxima vez que
esté dentro del cañón, y la siguiente. Y te recordaré
como la verdadera dueña del perfume
aquel, el que todo lo cura. Lenka: espero que jamás me
rechaces, ni a mis palabras (¿recuerdas? "yo
me enfrento al demonio...") que terminan aquí, en
el próximo verso, sin decir
nada más.
lunes, 21 de octubre de 2013
CAPÍTULO 03 - LENKA: NO ES CIERTO
No es cierto que estuviera todo el día en la cama, con el pulmón
pidiendo más descanso. Qué nada. Carmen paseaba por la casa,
contando y explicando cada desplazamiento. Yo
no soy nadie, como le dije a Bernat
cuando vino a querer saber más: "Bernat,
yo era gimnasta, pero estos brazos
los tengo de fregar las bandejas, los platos... Me distraigo
y se cae una copa: ¿eso es poco?" Entonces se fue con
su tabaco; yo sigo limpiando aquí
y después veo pasar a Quim con la caja, y su pose
es la del hombre nuclear. No es que sea
malo, ni nada, sólo está dominado por sus
cosas, todo
lo de allá arriba lo tiene girándose los ojos. Decía de Carmen: que era eso
lo que hacía en su casa, yo: un trinxat, el polvo
de los aparadores, las colchas a la tintorería. "Lenka; ¿oi que te he dicho
que no laves los pisos hasta el sábado?" El sábado
no llegó nunca para ella, y al volver al sitio estaba
todo cerrado, y ya no tengo que lavar el piso. La semana
pasada fuimos de compras, nos pintamos, me regaló un pañuelo que después
Boris —el hombre bala del circo— usó conmigo
una noche. Ahora no sé
dónde ha quedado nada de lo que sucedió antes del jueves, no me gusta
cuando pasan cosas, porque te hacen preguntas.
lunes, 14 de octubre de 2013
CAPÍTULO 02 - QUIM: AL BAJAR AL PUEBLO
El domingo
a mediodía bajo al pueblo, dejo la camioneta
en el inmenso parking del hipermercado —donde
el muchacho de la gorra blanca me saluda
y prosigue su ronda, entre cientos de marcas en el cemento
que indican dónde deberían estacionarse todos esos
vehículos que nunca llegarán hasta aquí— y tomo
de la guantera mi cuaderno, y mis gafas
de sol; y salgo. Importa poco
cargar el cajón de madera con el tomate, y la
lechuga roble, y los espárragos, de una punta a la otra
del vecindario: el domingo
se parece a este perro que ahora cruza la calle
—entre incrédulo y somnoliento— con esa laxitud
que la muerte admite en sus tareas. Primero veo a Bernat,
y a los otros que, apoyados en sus motos, conversan sin demasiado ánimo
con las chicas de la piscina: bajo un olmo, Bernat
le alcanza un cigarrillo a una de ellas, y veo el humo subir
por los rayos de sol que se filtran
entre las ramas. También esto
sucede en la misma luz acuosa e indolente. Y después es Lenka
quien me mira desde la barra de la pizzería: levanta
la cabeza, y vuelve
a concentrarse en el vapor con que quita las manchas
de las copas. Ahora sé —al pasar
con mi caja frente a la iglesia, donde algunos vecinos
despiden a la señora Llobet— que la causa de todo
es la Gran Mancha Roja de Júpiter, y al caminar
es esa convicción la que ordena a cada paso
las legumbres. Me detengo, no para saludar
a un cuerpo que ya nos ha abandonado, sino por ver
del otro lado de la calle, la explanada
donde el circo comienza a desmontar sus lonas, consciente
de lo poco que queda por hacer en el pueblo, nada.
a mediodía bajo al pueblo, dejo la camioneta
en el inmenso parking del hipermercado —donde
el muchacho de la gorra blanca me saluda
y prosigue su ronda, entre cientos de marcas en el cemento
que indican dónde deberían estacionarse todos esos
vehículos que nunca llegarán hasta aquí— y tomo
de la guantera mi cuaderno, y mis gafas
de sol; y salgo. Importa poco
cargar el cajón de madera con el tomate, y la
lechuga roble, y los espárragos, de una punta a la otra
del vecindario: el domingo
se parece a este perro que ahora cruza la calle
—entre incrédulo y somnoliento— con esa laxitud
que la muerte admite en sus tareas. Primero veo a Bernat,
y a los otros que, apoyados en sus motos, conversan sin demasiado ánimo
con las chicas de la piscina: bajo un olmo, Bernat
le alcanza un cigarrillo a una de ellas, y veo el humo subir
por los rayos de sol que se filtran
entre las ramas. También esto
sucede en la misma luz acuosa e indolente. Y después es Lenka
quien me mira desde la barra de la pizzería: levanta
la cabeza, y vuelve
a concentrarse en el vapor con que quita las manchas
de las copas. Ahora sé —al pasar
con mi caja frente a la iglesia, donde algunos vecinos
despiden a la señora Llobet— que la causa de todo
es la Gran Mancha Roja de Júpiter, y al caminar
es esa convicción la que ordena a cada paso
las legumbres. Me detengo, no para saludar
a un cuerpo que ya nos ha abandonado, sino por ver
del otro lado de la calle, la explanada
donde el circo comienza a desmontar sus lonas, consciente
de lo poco que queda por hacer en el pueblo, nada.
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